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Semana Santa Capital

Semana Santa de Córdoba

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La Plaza de Los Capuchinos, centro cofrade donde se erige el Cristo de Los Faroles, acoge la visita de fieles a la Virgen de Los Dolores, la Señora de Córdoba, que supone el comienzo para los cordobeses de su Semana Santa, que culminará con la resurrección del Señor en el barrio de Santa Marina.

 

La de “Los Dolores” es la imagen con más devoción de toda la ciudad, una talla completa del escultor Juan Prieto que en 2015 conmemoró el cincuentenario de su coronación canónica, la primera imagen de Córdoba en recibir esta distinción mariana, y que desfilará por la Mezquita-Catedral el próximo Viernes Santo.

 

No dejes de ver el paso del señor de la Caridad por la plaza del Potro, el milagro del recorrido por la estrecha calle Deanes del santo Sepulcro y la Virgen del Desconsuelo en su Soledad que avanza muy lentamente rozando los balcones o el emotivo paseo del Cristo del Descendimiento cruzando el Puente Romano.

 

La “excepcionalidad” de poder contemplar el caminar de las imágenes por el bosque de columnas de una Mezquita-Catedral, y el resonar de cornetas entre cirios que alumbran el Patio de Los Naranjos, hace destacar la “universalidad” de la Semana Santa cordobesa.

 

Con imágenes y hermandades del siglo XV, todo el rico patrimonio cultural de la Semana Santa cordobesa se muestra al mundo tras el traslado de la Carrera Oficial al entorno de la Mezquita Catedral, Patrimonio de la Humanidad.

 

El Viernes de Dolores, durante todo el día, las puertas de la Iglesia Hospital de San Jacinto en la Plaza de Capuchinos se abren para que los visitantes puedan discurrir delante del camarín de la imagen a rendirle culto y rezar sus oraciones.

La popular plaza de Capuchinos sobrecoge por la sobriedad de su diseño. Las austeras paredes inmaculadas se ven interrumpidas por las portadas en piedra del convento Santo Ángel.

En el centro de la plazoleta se levanta una de las imágenes más singulares de Córdoba: El Cristo de los Faroles. La blancura de los muros que lo rodean sobresalta el efecto dramático de este crucificado barroco. Los faroles de hierro que lo acompañan han configurado el nombre de la escultura.